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viernes, 3 de junio de 2011

Trabajo Práctico 1 - Javi

Trabajo Práctico de Técnica de la Danza Clásica I: Análisis de la Obra “Trilogía Neoclásica”


Docente: Gerardo Finn
Estudiante: Javier Crespo
Fecha: 09/05/11


Introducción

Los días 19, 20, 23 y 24 de abril, el Ballet Estable del Teatro Colón, presentó la obra titulada Trilogía Neoclásica, la cual consistió en tres piezas del repertorio neoclásico: Nuestros Valses, coreografiada por Vicente Nebrada; Margarita y Armando, coreografiada por Frederick Ashton; y Sinfonía en Do, coreografiada por Balanchine.
El en presente trabajo me propongo realizar un análisis y una crítica de las diferentes piezas, así como también tomarlas como punto de partida para estudiar entre otras cosas, acerca del Ballet Neoclásico y de algunos de los coreógrafos que más se destacaron en este lenguaje.
Esta inquietud me surgió ante la dificultad de reconocer aquellos elementos que distinguen y diferencian a la danza neoclásica de los demás lenguajes, en particular de la danza moderna.


Breve reseña histórica

Durante la primera mitad del siglo XX se experimenta en Estados Unidos una revolución sin precedentes en el ámbito de la danza. Isadora Duncan se manifestó en contra de los estrictos cánones de la danza clásica y proclamó una danza exenta de reglas, una danza libre. Poco después los nombres de Delsarte, Dalcroze, St. Denis, Humphrey, Graham, Limón, Wigman, Laban, etc. darían a conocer al mundo los preceptos de una danza que más tarde sería llamado por la historia de la danza como Danza Moderna. Paralelamente Diaghilev llega a Europa con un nuevo concepto de espectáculo, aglutinando todas las artes y a los mejores artistas e invitando a sus creadores a probar nuevos lenguajes y nuevas estéticas. Este sería el germen del nuevo estilo, y sus precursores serían Fokine, Nijinsky, Massine, Nijinska, Lifar y Balanchine que implicados en un concepto afín al de la danza libre de Isadora, plantearon nuevas formas de expresión partiendo siempre del lenguaje clásico.
El primer gestor fue Michel Fokine, quien reaccionó contra el maestro Petipa. Su insatisfacción hacia el hecho de que la música fuera un mero acompañamiento, los vestuarios y decorados guardaran poca relación con el argumento y la danza fuera un ejercicio técnico, le llevó a desarrollar una filosofía de reforma. Creía que el ballet, en lugar de confinarse en los pasos y movimientos tradicionales, debería aspirar a que éstos reflejaran el argumento, la época y la música. Según su visión, la danza, la música, el decorado escénico y el vestuario debían contribuir a crear un todo unificado.

George Balanchine se alzó como emblema de este nuevo estilo por su revolucionario concepto de la danza. Para él, danza es un arte absolutamente independiente y no arte secundario; según sus escritos: "Lo importante en el ballet es el movimiento en sí mismo. Un ballet puede contener una historia, pero el espectáculo visual... es el elemento esencial. El coreógrafo y el bailarín deben recordar que ellos llegan a la audiencia a través de la mirada. Es la ilusión creada con la cual convencen al público, muy similar al trabajo de un mago".
Las analista inglesas Debra Craine y Judith Mackrell opinan que “su habilidad para honrar la sofisticación técnica y la arrebatadora elegancia del clasicismo ruso del siglo XIX mientras que lo despojaba de su artificio, argumento y teatralidad (extendiéndolo hasta evitar la elaboración de escenografías y vestuarios) permitió el desarrollo del neoclasicismo , una forma en la cual se entrelazan la esencia del ballet ruso con la modernidad y sensibilidad dinámica para una audiencia estadounidense”. 
Uno de los puntos distintivos en las coreografías de George Balanchine es la profunda interrelación entre el movimiento y la música. Craine y Mackrell consideran que en el núcleo de cada obra de Balanchine hay una simple esencia: la danza es música llevada a la vida física. 
El biógrafo de Balanchine, Bernard Taper, comenta que antes de empezar una coreografía, Balanchine analizaba la partitura que había escogido a la manera de un director de orquesta. En algún momento de su estudio de la música, "él decidía qué cualidad de la danza es la que mejor se acomodaba a ella -qué 'paleta de movimientos', como él lo llamaba-, el tamaño del cuerpo de baile que usaría y determinaba quiénes serían los solistas".
Según el historiador Italiano Mario Pasi, la obra “Sinfonía en Do”, es un claro ejemplo de relación música-movimiento que caracteriza a Balanchine.

Otro de los coreógrafos considerado como un compositor neoclásico es Frederick Ashton. En 1932 el crítico Arnold Haskell escribió que lo más importante de Ashton “es la asimilación de la atmósfera de los ballets clásicos del inmortal coreógrafo francés Marius Petipa en su escuela de San Petersburgo, para transformar dicha atmósfera en un arte nuevo, con algo significativo”. Por su parte el crítico Juan Castro y Velazquez escribió que “los ballet de Ashton son argumentales, donde una percepción teatral se muestra indispensable. Curiosamente él no dominaba la música, por eso sus coreografías son como un encaje tejido en el espacio con los movimientos corporales”.
Incluso el mismo Ashton se considera un reformista al igual que Balanchine cuando declara que “(…) aunque la música siempre es el origen de mi invención, el recorrido del espacio constituye en cada caso, la creación.  Balanchine inventó las maneras de moverse más rápidamente y más hacia arriba. Yo he logrado perfeccionar la plástica con brazos fluidos en acoplamiento en un patrón de encaje afiligranado que se mueve al unísono”.

En lo que respecta al coreógrafo Vicente Nebrada, según Carlos Paolillo (quién publicó la biografía de este compositor): “Como creador Vicente Nebrada se inscribe dentro del estilo neo-clásico desarrollado a partir de Balanchine”. “El denominado neoclásico latinoamericano tiene en Vicente Nebrada a un representante lúcido y revelador”
“El llamado “estilo Nebrada” puede ya considerarse mucho más que una etiqueta convencional. En él se sintetizan las que fueron las indagaciones conceptuales y estéticas más importantes de este creador dentro del ballet neoclásico, que lo llevaron a ahondar en el movimiento corporal expresivo de una manera verdaderamente particular.
Musical se denomina a este estilo, queriendo enfatizar en la relación movimiento-música, que no es de supremacía, complemento o dependencia, sino de compenetración plena y efectiva. También, plástico, por su aspecto formal, recalcando en los matices y las texturas perceptibles en sus frases coreográficas, autónomas, aunque sutil y magistralmente ligadas a una suerte de trazos pictóricos dispuestos en un espacio escénico casi ilimitado. Finalmente, libre, por sus movimientos fluidos y desprejuiciados, principalmente del torso, brazos y cabeza, ajenos al excesivo rigor y en busca de un sublimado lirismo en algunos casos o de una necesaria organicidad, en otros”.
Según este autor, la obra coreográfica de Vicente Nebrada puede dividirse en cuatro grandes grupos, uno de ellos y en el cual estaría enmarcada la obra “Nuestros Valses”, corresponde al conjunto de piezas vinculadas con los ideales de la identidad cultural latinoamericana. En esta obra la música, “conformada por venezolanos del siglo XIX, constituye la clave que remite a un contexto geográfico, social y cultural”.
Nebrada describe esta pieza como: “El cuerpo en movimiento, la energía formando círculos. Una energía no lineal, sino circunferencial. No se basa en una anécdota, sino en estados de ánimo románticos”
Una de las grandes contribuciones de Nebrada fue su desarrollo del “Pas de deux”, recurso que utilizó y exploró bastante en sus coreografías.


Desarrollo

Lo que más me llamó la atención de las diferentes piezas en general, fue, por decirlo de alguna forma la simpleza de las mismas. Simpleza, en los vestuarios, en las escenografías y en los movimientos. Por esto último me refiero a que el acento o la importancia de las obras no estuvieron puestos en la cantidad ni en la dificultad de los “trucos” sino que se buscaba la belleza en la sutileza de los movimientos, en que parecieran sin esfuerzo y en la compleja coordinación de los mismos.
Personalmente disfruto mucho de ver el programa televisivo “So you think you can dance”, en el cual se puede ver lo último que está sucediendo en materia de danza en países como Estados Unidos, Canadá, El Reino unido y Australia. En las diferentes coreografías que se presentan se puede observar que en los últimos años, la danza ha ido incorporando elementos de otras disciplinas, como la acrobacia, la gimnasia rítmica y artística, el yoga, las artes marciales, entre otras. Y pareciera ser que cada vez más, en los diferentes lenguajes de danza, la belleza y el virtuosismo pasan por hacer “trucos” cada vez más vistosos y difíciles. El énfasis se pone en la cantidad y/o en la dificultad de las piruetas, de los saltos, de las caídas y de los “lifts” (término con el que se nombra a aquellos pasos de Partenaire en los que un bailarín alza a otro en el aire).
Si bien me parece muy importante la incorporación de estos elementos y recursos ya que ayuda a enriquecer y a ampliar el horizonte en lo que es posible dentro de la danza y permite que continúe evolucionando, creo que también es importante no caer en el abuso del recurso convirtiendo la danza en el recurso.
Es en este sentido en el que utilizo la palabra simpleza al describir las diferentes piezas presentadas por el Ballet estable del Teatro Colón. Me dio la sensación que las dificultades y complejidades pasaron por un lugar diferente, buscando precisión y calidad en los movimientos.
De las tres piezas, “Sinfonía en Do” me pareció la más clásica de las tres, al menos en lo que al leguaje se refiere. Los elementos neoclásicos que pude observar y que me llamaron la atención fueron la casi ausencia de escenografía, la cual consistía apenas en un fondo celeste y juegos de luces; la ausencia de una trama argumental y la forma de ocupar el espacio. De los tres números, este fue el único en el que se utilizó al cuerpo de baile, y en las distintas partes que lo conforman se utilizó como recurso el movimiento al unísono de los bailarines, utilizando los desplazamientos de los mismos para formar figuras en el escenario (diagonales, triángulos y líneas).
Por el contrario, “Nuestros Valses” me dio una sensación de leguaje contemporáneo más que neoclásico. Por un lado los desplazamientos en el escenario eran bastante más libres y en algún sentido más desornados, con personajes corriendo y persiguiéndose mientras otros se cortejaban, con estradas y salidas contantes de algunos bailarines mientras otros seguían bailando. Se podía apreciar, a diferencia de lo que ocurrió en la obra de Balanchine, la presencia de una “polifonía”, con varios bailarines haciendo diferentes secuencias en el escenario. Esta obra tampoco poseía una trama argumental, pero si transmitía constantemente sensaciones de libertad, de diversión, de juego, de cortejo y la coreografía poseía una clara atmosfera de romanticismo. Al igual que en “Sinfonía en Do”, la escenografía consistía solamente en juegos de luces.
La coreografía de Ashton, “Margarita y Armando”, fue la única de las tres obras, que contaba con un argumento lineal. El año pasado tuve la oportunidad de ver “la Traviata” adaptada y coreografiada por Iñaki Urlezaga. Comparando ambas obras, la realizada por el ballet del Teatro Colón, es decir, la coreografiada por Ashton, me pareció ampliamente superior y mucho más rica.
La escenografía y el vestuario utilizados en “Margarita y Armando” me resultaron más sutiles y concisos, lo que permitió, en una relación figura fondo, poner más atención al baile que a los demás detalles que en “La Traviata” a veces distraían de lo que sucedía en cuanto a movimiento.
En cuanto a la relación música-movimiento, me dio la sensación de que en la pieza de Ashton, si bien la música no había sido compuesta para el Ballet, música y movimiento se encontraban interrelacionadas. Creo que el coreógrafo tuvo muy presente la música a la hora de componer la coreografía.
Otra cosa que me llamó la atención fue el hecho de que la historia no estuviera narrada de forma lineal, comenzando primero por el final de la historia, y luego haciendo un “flashbacks” para contar como es que se llego a ese lugar, y luego terminar de resolver la situación dramática.


Conclusiones

Lo que más rescato de las tres piezas presentadas por el Ballet Estable del Teatro Colón, es que tanto vestuario, como escenografía, luces, música, así como la utilización del espacio y de los diferentes recursos artísticos utilizados por los diferentes compositores, es que todo estaba puesto en función del movimiento. Siempre se busco resaltar y embellecer el movimiento por lo demás, a diferencia de lo que ocurre a veces en las obras, donde la escenografía o la música terminan opacando al baile.
Creo también que por una cuestión de no tener mucha experiencia como espectador de Ballet y en particular por el poco desarrollo musical que yo poseo, que me perdí muchas cosas de las obras presentadas. Mientras leía sobre el trabajo de los diferentes corógrafos, siempre se mencionaba lo importantes que fueron sus aportes en la relación música-movimiento y esto es algo a mi se me escapó, que no fui capaz de percibir en su totalidad.
Por último me parece importante resaltar lo difícil que me resultó encontrar información acerca de los diferentes coreógrafos, debido a la poca difusión de material sobre Danza, y sobre todo de las fuentes oficiales que vendrían a ser las coreografías originales. El amplio desarrollo tecnológico que poseemos en la actualidad nos está dando herramientas para combatir esto pero aún hay mucho trabajo por hacer. Me llamó mucho la atención que el Ballet presentara las obras sólo cuatro veces. Preparar dichas coreografías toma muchas semanas de trabajo y creo que eso sólo es razón suficiente para presentarlas por un periodo más amplio de tiempo, pero por otro lado por una cuestión de difusión y de permitir el crecimiento de la danza en nuestro país también me parece se deberían haber presentado por más tiempo. Realmente me hubiera gustado poder ir nuevamente a ver la “Trilogía neoclásica”, luego de haber investigado un poco acerca de la misma, para profundizar aún más el análisis y para tratar de encontrar aquellas cosas que me habían pasado desapercibidas la primera vez.
Otra dificultad con la que me encontré es con la ausencia de registro de las coreografías. Cada vez que un coreógrafo reopositor monta una obra, de alguna forma la modifica y pone una parte de sí en la obra, por lo que, lo que uno ve, no es lo mismo que lo que hizo el coreógrafo original. En este sentido hubiera sido interesante poder ver alguna obra original y compararla con la que se presentó en el Colón, sin embargo a pesar de buscar me fue imposible encontrar dichas coreografías.
Me parece que es importante que empecemos a documentar las creaciones que van surgiendo en materia de Danza, ya que es muy fácil que se pierdan en el tiempo. Por ejemplo, las obras presentadas en el Colón quedarán solamente en la memoria de las pocas personas que pudieron asistir a alguna de las cuatro funciones, cuando necesariamente deberían haber quedado registradas en video, y los mismos deberían estar hoy al acceso del publico, sobretodo para aquellos que estudiamos danza, para poder hacer análisis más profundos y detenido y para poder volver más adelante en el tiempo cuando uno tenga otro bagaje y pueda analizar desde otro lugar.
También sería interesante empezar a trabajar en la formulación de un lenguaje codificado que permita plasmar por escrito las coreografías y los movimientos, análogamente a lo que sucede con la música. Esto nos ayudaría, junto con la documentación en medios audiovisuales, a crear una gran base de datos donde queden registrados los trabajos en materia de Danza, para que puedan ser vistos y utilizados en el futuro por cualquiera que lo necesite.


Bibliografía

La danza y la música en George Balanchine, Óscar Flores Martínez, http://historiadeladanzaunearte.blogspot.com/

 

Un genio que redefinió el ballet, Óscar Flores Martínez, http://historiadeladanzaunearte.blogspot.com/

 

Serge Lifar, anónimo, http://www.danzaballet.com/modules.php?name=News&file=article&sid=638

Vicente Nebrada: Un legado que hace historia, Carlos Paolillo, http://www.balletjazz.com.ar/review/perfiles/894-vicente-nebrada

El Gran Coreógrafo de Venezuela. La Vida y la trayectoria de Vicente Nebrada, R.J.Lovera De-Sola, http://www.arteenlared.com/lecturas/articulos/el-gran-coreografo-de-venezuela-la-vida-y-la-trayectoria-de-vicente-nebrada.html


Frederick Ashton, http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo23/a9.htm

Esencialidad de Fokin, http://www.balletjazz.com.ar/review/perfiles/892-esencialidad-de-fokin

Comentarios, Enrique Honorio Destaville, programa de la obra “Trilogía Neoclásica”

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