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miércoles, 15 de junio de 2011

Tp Nº 2 para compartir - Flor


Escuela Danesa – AUGUST BOURNONVILLE

En la técnica de la escuela danesa el primer elemento que llama la atención sin dudas son los saltos. Abundan los saltos desde los primeros pasos del centro, tanto para hombres como para mujeres se coreografía con gran cantidad de saltos pequeños y altos. La proporción de saltos que hay en las combinaciones es muy alta, están presentes en casi todos los pasos, sean de piruetas, sean tendus. Es admirable la velocidad de los pies y la multiplicidad del batido que logran estos bailarines.
Al respecto hay algunas observaciones interesantes que quizás sean pertinentes tener en cuenta:

Probablemente el secreto radique en el estudio intensivo y cuidado que se hace del plié. De cada uno de los dos tipos diferentes de plié que Bournonville consideraba susceptibles de trabajar, evoluciona un tipo distinto de salto; con mayor o menos elevación, y con diferente despegue y recepción. […] Pero la realidad es que Bournonville usa casi tantos tipos de plié como ejercicios existen, ya que siempre dependerá del paso que viene, del paso con el que se enlaza y de la dinámica y el ritmo de la combinación: toda una ciencia que se elabora desde la barra”[1]

Del mismo modo hay distintos tipos de batería según acento, cruce, etc.
El predominio de saltos se debería al tamaño reducido del escenario del Teatro Real de Copenhague, que obligó a desarrollar una técnica más bien vertical, ajustada a este espacio.
Al respecto, cito:
“También encontrar la forma de aprovechar al máximo el escaso espacio del escenario para mover a toda la compañía en el final del ballet”[2]
Los port de bras son bastante simples, frecuentemente se mantienen los brazos en posición preparatoria. No obstante hay port de bras con cambrés y movimientos circulares y amplios del torso fuera del eje.
No se realizan diagonales en tal sentido, sino secuencias hacia todas direcciones, con constantes cambios de frente.
Así como todos los rasgos distintivos de la técnica, también hay “ausencias” que llaman la atención en esta técnica y a propósito del ascenso del rol masculino frente al femenino, es un momento histórico de prematuro desarrollo de la zapatilla de punta.
Hasta bien entrado el siglo XX las puntas no habían evolucionado lo suficiente para que se coreografiara pensando en ellas y en toda la espectacularidad que su técnica podía aportar a las mujeres”[3]


School of American Ballet

En 1934, George Balanchine funda la School of American Ballet (SAB) durante su exilio en EEUU.
“Este estilo de coreografía no tuvo éxito en Rusia. Bajo las normas de Stalin y los posteriores ministros, los coreógrafos experimentales de la generación de Balanchine fueron eliminados, por lo que el ballet se mantuvo atrapado en las viejas tradiciones”[4]
La técnica desarrollada por Balanchine se encuentra íntimamente ligada a la academia rusa, pero también da lugar al nacimiento de la danza neoclásica por sus innovadores aportes.
Hay elementos que transgreden el academicismo ruso, principalmente en los brazos: se observan port de bras ondulantes, curvilíneos y manos expresivas con movimientos llamativos. Muchos pasos se ejecutan con manos en la cintura, o bazos cruzados a la altura del pecho (bras adorés). En las puestas en escena hay movimientos novedosos y hasta passé cerrado.
En las clases observadas los alumnos comentaban que los maestros insistían fuertemente en la importancia de la música, hacían fundamental hincapié en la relación entre música y movimiento.
Los niños entrevistados contaban que hay maestros más y menos fieles al estilo original de Balanchine y que las clases son divertidas. Aunque no podamos dar cuenta de esta jarana, clases tan populares difícilmente sean aburridas.


Vaganova

En San Petersburgo, a partir de la técnica rusa, Vaganova comienza a enseñar en 1921 con su propio método de estudio y enseñanza. Las distinciones técnicas anteriores las hice en su diferencia con esta escuela, por lo que no tengo tantísimo que decir al respecto.
En particular creo que se caracteriza por una metodología de estudio y enseñanza. En cuanto a lo físico creo que hay en el proceso de estudio un énfasis importante en la coordinación corporal, y la fundamentación en reglas físicas. Por otra parte desarrollar elongación y fuerza y la búsqueda de la totalidad corporal crea un movimiento noble y verdadero.
Cito una nota interesante escrita en 2008:
“Vaganova no está atascado en el pasado, a pesar de la adherencia a un entrenamiento técnico notoriamente estricto desarrollado por Agrippina Vaganova después de la revolución de 1917 y copiado en todo el mundo. A medida que disminuyen los hábitos soviéticos y Rusia se enriquece, las características escolares y demográficas están cambiando. […] El estilo Vaganova fusiona elementos de las escuelas de ballet Rusa, Francesa e Italiana, y la escuela produce bailarines que mueven la parte superior del cuerpo particularmente bien. La enseñanza es codificada y precisa – los rivales en la escuela Bolshoi en Moscú sugieren que los bailarines de San Petersburgo se focalizan excesivamente en detalles técnicos. Una peculiaridad de este sistema es que los principiantes escriben ensayos sobre los pasos que han aprendido, describen la musculatura en juego y como deberían mover sus cuerpos. También escriben análisis de sus errores. […] mientras que algunos maestros son tacaños con los elogios, el comportamiento cruel [...] se ha desvanecido. Sin embargo el ambiente es altamente competitivo”.
En la versión completa de esta nota también retoma las cuestiones pedagógicas y de exigencia que comentamos en clase hace unas semanas. A pesar de ser una nota reciente, el panorama es duro, por lo que resulta interesante para la discusión. 


Cada escuela aúna particularidades técnicas, estéticas y metodológicas que la distinguen. Estéticamente la que me resultó más interesante es la de Balanchine. Me entusiasma la expresividad de los port de bras y la trasgresión de ciertos límites tradicionales, me parece que abre una brecha sumamente seductora para la creatividad coreográfica y el montaje escénico, a riesgo de pecar de neoclásica. En la escuela danesa me gusta el foco en el rol del hombre, pero el lugar femenino no me atrae. La estética en general, y a juzgar por lo poco que vi, me debe dramatismo.
Si bien no me simpatiza la idea de formalizar el arte y el lenguaje, como un mapa que coincida con lo mapeado, leí algunos testimonios, como los primeros capítulos del libro “Augusto Bournonville” de Elna Matamoros Ocaña, donde se lamenta la pérdida de muchísimas coreografías de Bournonville y marcas de estilo originales que se han borrado con la transmisión oral. Es una lástima que en un tiempo sin video no se haya asentado suficientemente por otro medio la riqueza particular de momentos importantes en la evolución del ballet.
Me resulta interesante del contexto socio-histórico, el exilio de Balanchine. New York fue un importante receptáculo de exiliados europeos, científicos, artistas y teóricos. ¿Dónde está el peligro del ballet? Creo que en esos tiempos, el surgimiento de distintas voces en torno a constructos teóricos y objetos estéticos, las novedades y discordias con respecto a una “teoría oficial”, a una “estética oficial”, figuraba una amenaza. De hecho, es costumbre de los sistemas totalitarios de gobierno, suprimir la pluralidad y la novedad para dinamitar la discusión. Como para muchos otros, no había lugar para Balanchine en la Rusia Stalinista.
Ahora, con cierta envidia desde este siglo y no sólo desde este lugar, cabe decir ¡Stalin sabía de arte y lingüística, Trotsky y Lenin escribían sobre literatura! ¡Pero qué barbaridad!

BIBLIOGRAFÍA:
·   FANGER, Iris “Russian dance in the shadow of Balanchine” en The Christian Science Monitor,  9 de julio de 2004.
·   MATAMOROS OCAÑA, Elna “Augusto Bournonville”, editorial Akal, Madrid, 2008.   
·   GEE, Alastair “Russian Ballet Students: Pirouetting for Putin” en Sunday Times, 10 de agosto de 2008

Clases Bournonville:

Clases School  of American Ballet

Clases Vaganova


[1] MATAMOROS OCAÑA, Elna “Augusto Bournonville”, editorial Akal, Madrid, 2008. El subrayado es mío.
[2] Ídem.
[3] MATAMOROS OCAÑA, Elna “Augusto Bournonville”, editorial Akal, Madrid, 2008. 
[4] FANGER, IRIS “Russian dance in the shadow of Balanchine” in The Christian Science Monitor,  9 de julio de 2004
               

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